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Tú también fomentas el narcotráfico

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Sí, suena fuerte.
Pero probablemente vos también lo hacés. Y no porque seas una mala persona, sino porque muchas veces no hacemos nada para evitar que el narcotráfico crezca en nuestros barrios, en nuestras comunidades y en nuestras vidas.

No es un problema lejano. No es una película de narcos. No es solo un tema de “zonas peligrosas” o de “otros”.
Es acá. Es ahora. Es entre nosotros.

¿Te has preguntado alguna vez cómo se financian los narcotraficantes?

La respuesta es incómoda, pero clara: Con cada persona que consume drogas.

Sí, incluso con ese amigo que solo “fuma para relajarse”, con ese compañero que “se da un pase el finde” o con esa persona que dice que “es algo privado, de cada uno”.

Detrás de cada consumo, hay una cadena de destrucción que financia el crimen organizado, alimenta redes de violencia, destruye familias, y envenena la convivencia en nuestros barrios.

¿No consumís? Bien. ¿Y hacés algo más?

Porque no basta con decir “yo no consumo”.
Si somos capaces de indignarnos en redes sociales cuando hay un robo, una muerte, o una pelea por territorio, pero no somos capaces de decirle a alguien cercano que deje de comprar droga, entonces estamos siendo parte del problema por omisión.

¿Te da vergüenza hablar del tema?

A muchos nos ha pasado. Nos quedamos callados porque no queremos quedar como “el careta”, “el exagerado” o “el pesado”. Pero ¿sabés qué? Callarse también es una forma de permitir.

Decile a tu grupo de amigos, a tu familia, a tus colegas: No compres drogas. No consumas. No alimentes el negocio que está matando a nuestros barrios.

Si querés hablar con tu hijo o hija, no lo hagas con miedo ni sermones. Hablale con sinceridad. Decile que aunque a él o ella no le haga daño, le está haciendo daño a alguien más. A una familia que perdió un hijo. A una madre que teme que su nene crezca entre balas. A un barrio que vive sitiado por el miedo.

No financies el narcotráfico

Este no es un mensaje moralista, ni religioso, ni de superioridad. Es un llamado urgente a hacernos cargo. A dejar de mirar para otro lado. A entender que la verdadera seguridad también se construye desde nuestras decisiones cotidianas.

Y si queremos comunidades más seguras, justas y libres, tenemos que empezar por lo que decimos, por lo que callamos y por lo que permitimos.

Hoy más que nunca, no se trata solo de policías y cámaras. Se trata de valores, de coraje y de comunidad.

No financies el narcotráfico. No seas parte del daño.

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