Hay una pregunta que, a veces, algunos se hacen —o incluso se atreven a lanzar como crítica—:
“¿Y ustedes cuánto ganan con esto?”
Y hoy quiero responderla con total sinceridad, con la misma con la que nacimos, con la misma con la que todos los días trabajamos.
Vecinos en Alerta no genera un solo peso para quienes lo coordinamos.
No hay ganancias. No hay pagos. No hay contratos. No hay sponsors. No hay partidos políticos detrás. No hay empresas financiando. Hay compromiso. Hay entrega. Hay vocación vecinal.
Este proyecto, que ya está presente en 14 localidades del Valle de Punilla, no se construyó con plata. Se construyó con tiempo, con escucha, con esfuerzo, con horas de insomnio, con mates compartidos, con reuniones improvisadas, con llamados urgentes y con abrazos de agradecimiento.
Somos 24 coordinadores, todos vecinos, todos personas comunes. Ninguno cobra. Ninguno factura. Ninguno está buscando un puesto ni un rédito económico. Estamos acá porque creemos. Porque sentimos. Porque queremos.
Porque, a diferencia de otros, no todos los vecinos monetizamos la seguridad.
Y quizás, quienes no lo entienden, lo miran desde otro lugar. Desde un mundo en donde todo vale por lo que cuesta, donde cada acción se mide en dinero, donde la solidaridad es vista como pérdida de tiempo. Pero no todos vivimos así. No todos sentimos así.
Vecinos en Alerta es una red genuina.
Una aplicación que creció por el boca en boca, por los resultados, por el impacto real que generamos.
Porque cuando un vecino avisa, alerta, comparte, previene… está salvando al de al lado. Y eso no tiene precio.
A veces parece que en este país está mal visto esforzarse, crear algo útil y, eventualmente, pensar que eso podría sostenerse con alguna ganancia. Nos cuestionan por una app que es totalmente gratuita, sin fines de lucro, hecha con esfuerzo vecinal, y nos tiran piedras como si estuviéramos haciendo algo sucio. ¿Cuál es el verdadero problema si en algún momento esta herramienta genera algún ingreso? ¿Qué tiene de malo que quienes trabajamos día a día —los 24 vecinos que sostienen esta red en 14 localidades— podamos recibir una mínima retribución por todo lo que hacemos?
¿O acaso el tiempo no vale? ¿La constancia no vale? ¿La dedicación, el diseño, el desarrollo, las horas de pensar cómo mejorar la seguridad de nuestros barrios, tampoco valen? Hay quienes nunca movieron un dedo por su comunidad, pero se sienten con el derecho de juzgar a quienes sí lo hacen. Hoy nadie cobra, nadie lucra, nadie gana un peso con esto. Pero incluso si así fuera en algún momento, no habría nada que reprochar.
Porque esta aplicación no cayó del cielo. Se construyó con compromiso, con lucha, con ideas que van más allá del interés personal. Es fácil criticar desde la comodidad del sillón. Difícil es organizar, mantener, comunicar, sostener un proyecto vecinal con impacto real. No pedimos permiso para actuar, pero tampoco aceptamos que se desprecie el valor del trabajo comunitario.
Y si algún día esto da frutos, bienvenidos sean. Porque no hay nada más justo que quienes se comprometen con su comunidad, puedan también sostenerse gracias a ella.
No necesitamos que nos crean. Necesitamos que nos acompañen. Que vean. Que prueben. Que se sumen. Porque acá no vendemos nada. Acá ofrecemos algo que muchos ya perdieron: confianza en el otro.
Y por eso seguimos.
Y por eso estamos en 14 localidades.
Y por eso somos cientos.
Y por eso, cada vez que alguien pregunta “¿cuánto ganan?”, respondemos con orgullo:
ganamos tranquilidad. Ganamos comunidad. Ganamos humanidad.
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